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  Reflexión

La paz, con valores...

 

Por Pedro Jaime Batista.

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“El delito es causado por la forma de pensar de la persona y no por el ambiente que le rodea. La conducta es principalmente el resultado del pensamiento.”  

-Stanton  Samenow.

 

Tepic, Nayarit, 10 de febrero de 2010.- Hoy vivimos tiempos críticos, difíciles de manejar en todos los aspectos de la vida cotidiana.

La inestabilidad caracteriza nuestros días. Por eso, los analistas políticos, económicos y sociales estudian la historia y las tendencias modernas en un intento de saber qué pasa y qué pasará en el futuro cercano.

Poca gente, según parece, está dispuesta a dar de sí misma en el mundo de hoy, o lo que es igual, desean cambiar las cosas y hacer el bien a sus semejantes de alguna forma.

Algunas de las buenas obras que realizan personas caritativas son pagar los gastos médicos de familias de bajos ingresos, proveer educación y orientación a hijos criados por un solo padre, financiar campañas de vacunación en países  en desarrollo, regalar su primer libro a los  niños, proporcionar animales de cría a campesinos pobres y ayudar a los damnificados de desastres naturales, entre otras de igual importancia.

Estos hechos demuestran que el ser humano posee la capacidad de hacer el bien al prójimo. Sin embargo, también hay quienes cometen verdaderas atrocidades.

La  inclinación al mal, si se deja a rienda suelta, engendra enemistades, contiendas, celos, arrebatos de cólera, altercaciones, divisiones, envidias y otras conductas destructivas.

Los ejemplos de asesinatos, secuestros, violaciones, robos, asaltos, demuestran los extremos a los que llega la gente cuando permiten que los malos deseos dominen sus actos.

Por ello hemos venido insistiendo  desde hace tiempo  en que gran parte de esas negativas acciones tienen su raíz en la falta de principios y de valores espirituales y  morales en el seno familiar, que deben inculcarse desde la tierna infancia, y mucho menos existe el  amor, el respeto y el temor  a Dios. Pero no un temor mórbido sino reverente, es decir, el temor a ofenderlo al pasar por alto sus mandamientos establecido en su palabra, la Biblia.

Sea  donde sea que vivamos, parece que cada día se cometen delitos más atroces, inclusive la mayoría de los mimos son perpetrados por jóvenes y hasta por menores de edad.

Infringir la ley en cosas pequeñas puede condicionar a una persona para que la infrinja en cosas mayores. A fin de inculcar este hecho en sus alumnos, una maestra decía: “Los ladrones de bancos empiezan hurtando lápices en la escuela”.

Es lógico, pues, que nos preguntemos: “A pesar de las buenas intenciones, ¿son efectivos los métodos  disuasivos aplicados por las autoridades, como sanciones más severas, penas privativas de libertad? Ciertamente es encomiable el esfuerzo que realizan pero ¿Se está atacando la raíz del problema?”.

El Doctor Stanton E. Samenow, experto en criminología, señala que el delito es causado por la forma de pensar del sujeto y no por el ambiente que le rodea. La conducta es principalmente el resultado del pensamiento. Todo acto va precedido, acompañado y seguido del pensamiento.

En efecto, por haber sido dotados de libre albedrío los seres humanos tenemos la capacidad de elegir qué camino tomar, aún en circunstancias difíciles. De ahí la importancia de la educación, orientación, formación y consolidación de valores desde la tierna infancia en el seno familiar

Por otra parte, la impunidad de los delitos  incentiva al malhechor a proseguir sus actividades con más osadía.

Otro factor es la importancia que el mundo atribuye al egocentrismo: al yo, al dinero, a los placeres y a la gratificación instantánea. 

Lamentablemente dichas actividades se ven fomentadas por el cine, la televisión, los videojuegos y los malos modelos de conducta, lo que favorece el crecimiento del delito y la violencia.

Ahora bien, con todo y eso no hay por qué sucumbir a tales influencias. Es más, hay personas que pese a su pasado delictivo, han cambiado completamente su actitud y forma de vivir.

Que alguien sea delincuente no significa que esté condenado a serlo por el resto de su existencia. Un investigador sostiene que así como una persona puede elegir la senda del delito, así también puede optar por otra vía y aprender a vivir con responsabilidad.

La experiencia ha demostrado que sean cuales sean sus antecedentes la gente puede regenerarse. Solo se necesita el deseo de cambiar las actitudes, las motivaciones y los patrones de pensamiento para que se ajusten a las normas inmutables de Dios registradas en la Biblia, ya que su palabra “es viva y ejerce poder” (Hebreos 4:12).

Pero ¿terminará algún día la maldad? La Biblia afirma que sí (Salmo 37:10-11; Revelación o Apocalipsis 11:16-18).

La obra “La ocasión y el ladrón”, reconoce que “muchas personas se abstienen de infringir las leyes no porque teman sanciones legales, sino porque tienen valores morales que les impide hacerlo”.

Por eso es de vital importancia dar mayor atención a las familias, inculcar principios y valores espirituales y morales como el amor, el respeto, la verdad, la paz, la responsabilidad, la unidad, la honestidad, la justicia, la bondad,  la paciencia, la solidaridad, la felicidad, entre otros, así como estrechar los lazos de comunicación entre sus componentes con tiempo de calidad y sabiendo escuchar  y dando respuesta con habla edificante.

Aunque parezca utópico, ahí está la clave de la prevención oportuna, y no solo combatir el mal cuando ya creció y se convirtió en un verdadero problema, pues inclusive los valores bíblicos han ayudado a  millones de personas a superar hábitos y prácticas nocivas muy arraigadas, transformando sus vidas para bien de ellas mismas y en beneficio de la propia sociedad.

Sin duda, resulta menos costoso invertir en serio en las familias, generando conciencia sobre la importancia de los valores que dan  lugar a la convivencia  armoniosa y pacífica de la sociedad. ¿O habrá una mejor solución para combatir el delito, la violencia, el mal, y fomentar la paz que tanto anhelamos?

Que todo se haga para bien de todos.

     

 

   

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