Cuestión – La guerra que no debe ser…

Cuestión

La guerra que no debe ser…

 Marco Vinicio Jaime

“Nunca ha habido una buena guerra ni una mala paz.”

– Benjamín Franklin.

 

Nuevos sucesos conmocionan al mundo, y lo obligan de forma inédita a meditar profundamente en la ruta a seguir: la guerra o la paz. Ese es el dilema que enfrentan las naciones, incluso desde su interior, para alcanzar el consenso clave que les permita avanzar hacia el segundo objetivo, fundamental en la consecución a su vez de los estándares requeridos en bien de las presentes y venideras generaciones.

 

La conflagración que recrudece en el Medio Oriente, a consecuencia de una guerra intestina en Siria que se ha prolongado hasta la intervención de las potencias con mayor presencia política y militar del orbe, como es el caso de Estados Unidos, sus aliados Reino Unido y Francia, contra la opuesta poderosa nación de Rusia que lo defiende como el aliado que es, ha prendido las señales de alerta, luego del riesgo de una escalada mayor de violencia: la reacción ante el bombardeo infligido por ‘Occidente’ en señal de repudio al supuesto uso reciente de armas químicas del gobierno sirio que causó el deceso de más de 70 personas inocentes, en su lucha contra facciones rebeldes al régimen.

 

No es para menos la preocupación manifiesta por el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres, tras mencionar que: “La guerra fría ha vuelto con venganza”. Al parecer el conflicto revive la vieja disputa de los “dos bloques” geopolíticos -que dividió al mundo después de la Segunda Guerra Mundial y hasta la caída de la Unión Soviética el 11 de marzo de 1990-, en un escenario singular, en el que de nueva cuenta se ha vuelto obligado el refrendo de la hegemonía gubernamental, y el consecuente control estratégico de los recursos, imprescindibles para la conducción y equilibrio de cara al porvenir.

 

Pero más allá de la convulsión presente que mantiene sumamente ocupadas a las naciones en mención, es preciso una visión multidireccional, que permita captar todos los ángulos, causas, orígenes y razones, al tiempo que, de forma transversal, se construye un blindaje hacia el resto de los países a fin de continuar su propia lucha por la estabilidad y el progreso de su gente. Esto es vital, en virtud de que no pocas fuerzas contrarias al bienestar general, inclusive derivadas del foco del propio conflicto o de un ente siempre tras las sombras que medra de la batalla entre naciones -siguiendo un astuto plan-, actúan precisamente en momentos como estos para capitalizar la debilidad y la incertidumbre causadas por el impacto, a fin de tomar el control en el mayor espectro posible.

 

La guerra destruye, la paz construye, pero se construye primero, con base en la correlación de intereses genuinos en pro de acciones de beneficio extensivo, donde la razón, producto del oficio político -caracterizado por una constante y eficaz comunicación-comprende y entiende que “pactar no es ceder”, ni sinónimo de derrota, sino de comunión racional para ponderar la pervivencia y la subsecuente posibilidad de una mejor convivencia en paz, justicia y progreso continuo donde por supuesto, nadie pierde y todos ganan. Y es así, como quizá el Secretario de la ONU Guterres, conciba la urgente necesidad de subsanar los graves diferendos, antes que recurrir a una drástica decisión mayoritaria de una operación relámpago con el uso del poderío bélico.

 

Así, México se ubica frente a su propio reto: construir la paz con la estabilidad del consenso entre los contendientes durante el presente proceso electoral, en aras de una lucha dentro del marco legal, y siendo facilitadores de tal blindaje que evite la influencia de fuerzas oscuras que lleguen a controlar el proceso y dificulten aún más el de por sí escabroso camino hacia la democratización y la solución a los graves flagelos que aquejan a los mexicanos, al tiempo que las instituciones actúan realmente ceñidas a su razón de ser: el marco institucional mismo regulado por la Constitución General de la República y las leyes que de ella emanan; toda vez que únicamente la autoridad moral que otorga la congruencia dará lugar a una lucha favorable que cerque el mal, lo controle y lo combata, desde la autoridad y hacia la sociedad, y esta a su vez desde su núcleo: la familia.

 

Asimismo, cabe hacer mención pues de la importancia de un papel transversal en el resto de poderes, órdenes de gobierno, sectores productivos, sociales y sociedad en general, ¿estarán preparados y dispuestos para actuar? Esperemos que sí, para alejar al máximo la amenaza en todos sus frentes, de una guerra que no debe ser.

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