Cuestión – El desafiante escenario del PRI.

Cuestión

El desafiante escenario del PRI

Marco Vinicio Jaime

 

Ahora que el Partido Revolucionario Institucional (PRI), ha emitido su convocatoria correspondiente para la elección de candidato(a) presidencial, acorde a la calendarización electoral establecida, comienza la primera etapa de su verdadero desafío: una vez más se apresta para encontrarse de cara con el pueblo de México, tal cual como es y lo que ha hecho -que a la fecha la sociedad cuenta con un veredicto integral del desempeño no solo del tricolor sino del resto de la gobernanza- y en consecuencia, demostrar que sigue siendo una opción de gobierno capaz de ejercer el poder adecuadamente.

 

Según la información dada a conocer recientemente por el Comité Ejecutivo Nacional de este instituto político, “el método para la elección y postulación de la candidatura presidencial será el de ‘Convención de Delegados’, aprobado por el Consejo Político Nacional, que fue ratificado a su vez por la totalidad de los Consejos Políticos de las Entidades Federativas”.

 

Está claro, que el PRI como cualquier otro partido, se está jugando su propia pervivencia en el sistema, y consecuentemente tendrá una labor titánica por delante, mucho más allá de las tradicionales líneas estratégicas de movilización electoral, pues la ciudadanía posee una creciente desconfianza hacia los desgastados estereotipos de gobernanza que no le han generado en lo mínimo respuestas a sus fuertes problemas: inseguridad, desempleo, escasez de oportunidades, y un pírrico desarrollo excluyente, en contrasentido con la bonanza de las cúpulas partidarias y del propio ejercicio del poder, de acuerdo a numerosas voces que han retratado la realidad en cada rincón de la geografía nacional. De ahí, que su reto sea el de elegir el candidato presidencial que mejor represente un deslinde crítico de los cánones de los prescrito, y por supuesto, capitalice inteligente como creativamente los desaguisados de una oposición dentro y fuera de la gobernanza, que sigue encontrándose con severos obstáculos para incluir, comunicar y establecer compromisos recíprocos, en el objetivo de demostrar eficazmente el contraste de un antes y un después.

 

“La Convocatoria -agrega el PRI- contempla las bases y los requisitos constitucionales, legales, estatutarios y reglamentarios que deberán cumplir las y/o los aspirantes, militantes o simpatizantes que decidan participar en el proceso.

 

El registro de aspirantes será el domingo 3 de diciembre, ante la Comisión Nacional de Procesos Internos, en un evento público que se llevará a cabo en la explanada del CEN del PRI.

 

Quienes obtengan el dictamen de procedencia participarán en las precampañas, que iniciarán el 14 de diciembre de 2017 y concluirán el 11 de febrero de 2018, conforme al calendario aprobado por las autoridades electorales.

 

Los actos de precampaña que lleven a cabo las y/o los precandidatos, deberán dirigirse a las Delegadas y los Delegados de la Convención Nacional, con el objetivo de obtener el voto en la jornada electiva. También deberán cumplir con la Ley General de Transparencia, para informar a la ciudadanía de los términos en los que se desarrolla el proceso electivo del partido.

 

La Convención Nacional de Delegados y Delegadas elegirá a la candidata o el candidato a la Presidencia de la República el domingo 18 de febrero de 2018. Esta Convención se integra por Consejeras y Consejeros Políticos Nacionales, Consejeras y Consejeros Estatales, así como Delegadas y Delegados electos en todo el territorio nacional.

 

La integración total de la Convención Nacional será de aproximadamente 19,100 Delegadas y Delegados. La elección de quienes la integran se llevará acabo del 6 al 13 de diciembre”.

 

Por tanto, el escenario político-gubernamental impone pues la urgente necesidad de postular candidato además, tal como lo reconoció el propio Presidente de la República Enrique Peña Nieto: con mayor probidad que todo carisma para arrancar aplausos de la concurrencia. “Andan bien despistados todos -dijo contundente-, el PRI no habrá de elegir a su candidato (a la Presidencia de la República), seguro estoy, a partir de elogios o aplausos”. Siendo así, ¿podrá en efecto, el PRI superar el reto de coincidir al interior con un perfil que entonces cuente con la capacidad de establecer parteaguas inteligente entre la etapa oscura de sus gobernadores y demás elementos que lo han involucrado en escándalos de corrupción, ineficacia y colaboracionismo de espionaje con el extranjero, y vaya más allá de los aplausos, las simpatías de “índices poderosos” e intereses de cúpula? ¿Podrá establecerse en consecuencia con éxito el parámetro para la elección del resto de las candidaturas? Habrá que estar atentos…

 

Alianza “Juntos por Tí”, ¿coalición para gobernar?

Es un hecho que en los tiempos actuales, solo la conjunción de esfuerzos y la suma de voluntades en torno de objetivos comunes de bienestar general, garantiza eficacia en el ejercicio de gobierno, y más cuando, como en el caso de nuestro Estado, fue precisamente una alianza de partidos (PAN, PRD, PT y PRS), denominada “Juntos por Tí”, o mejor dicho, en pro de los nayaritas, no de otros intereses, obtuvo la confianza mayoritaria del pueblo en aras de un “nuevo tiempo” en bien de todos y para todos.

 

Por ello, en virtud de los desafíos que se están presentando en materia de seguridad, justicia, legalidad y operatividad financiera, no está demás revisar hasta qué punto sigue vigente aquel emblemático llamado del Gobernador Antonio Echevarría García, con motivo del triunfo: “Tengo la certeza que el propósito que nos unió para enfrentar el proceso electoral, sigue intacto; seguimos siendo una gran alianza que continuaremos trabajando por todos los nayaritas. Lucharemos por que Nayarit sea un mejor lugar para todos”, en torno del papel y el compromiso mutuo entre cada partido y aliados de la propia coalición: PAN, PRD, PT y PRS. Nadie debe quedar fuera.

 

En efecto, “Juntos por Tí”, más allá de haber sido el frente político-electoral que triunfó en las pasadas elecciones, está llamado a ser la fuente de suma, de coordinación institucional, de comunicación eficaz y permanente que asegure el intercambio estratégico de ideas, pensamientos, sentimientos y beneficios recíprocos con el pueblo y para el pueblo, factores, vale decir, inexistentes en el antecesor marco de gobernanza considerado por numerosas voces como el peor de las últimas décadas, por su preocupante analfabetismo político, democrático, cultural, de legalidad y comunicacional.

 

El “nuevo tiempo” pues para Nayarit, emergerá exitosamente sólo a través de cimientos fuertes de justicia, legalidad, democracia y bienestar para todos, donde el Congreso del Estado representado ahora en la aguerrida 32 Legislatura que preside el experimentado Diputado panista Leopoldo Domínguez González, jugará un papel clave para restituir el marco jurídico que posibilite el cometido en todos los campos, como el coyuntural Sistema Local Anticorrupción, el Tribunal de Justicia Administrativa, la Ley Municipal y de Hacienda del Estado, entre otros, erradicando cualquier obstáculo y reminiscencia que empañe el duro camino hacia la meta; donde sumar entonces será indispensable para gobernar. ¿Será posible con el menor de los daños colaterales?

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